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Estudia para tu examen lo antes posible

Para la mayoría de nosotros, la experiencia de estudiar para un examen puede resumirse en una palabra: pánico. Tienes 18 horas, estás agotado y estás sentado mirando una hoja de ecuaciones llena de matemáticas. ¿Por qué? ¿Por qué no has empezado antes?

Lo creas o no, hay fuerzas que actúan en tu contra. Que te alejan de empezar con la suficiente antelación para que puedas aprender cómodamente el nuevo material. Aquí tienes algunas razones por las que no empiezas antes, y lo que puedes hacer al respecto.

1. Te anticipas al trabajo duro

La procrastinación se considera como ese defecto que provoca culpa y que es compartido casi universalmente por todos los estudiantes. El problema es que esto es exactamente lo que deberíamos esperar que ocurra desde una perspectiva evolutiva.

estudiar para un examen

Se sabe que los humanos somos unos avaros cognitivos: conservamos los recursos mentales siempre que es posible. Especialmente cuando nos enfrentamos a tareas que no se consideran “esenciales para nuestra supervivencia”.

 

Además, cuando el cerebro anticipa múltiples resultados que se consideran todos “dolorosos” (el dolor de estudiar frente al dolor de fracasar en la universidad). Te inmovilizas, incapaz de elegir el menor de los males, y retrasas aún más el trabajo.

Programa tiempo para ti primero y luego llena los vacíos con tiempo de estudio.

Piensa en la diferencia entre una carrera de 1 kilómetro y un maratón. En el primer caso, puedes esforzarte al máximo porque ves la línea de meta y sabes que acabará pronto. El corredor de maratón no tiene tanta suerte. Sabe que hay un largo camino por delante lleno de dolor y agotamiento, e inconscientemente conserva su esfuerzo para asegurarse de que puede llegar.

Todo esto quiere decir que si sabes que puedes ir a la habitación de tu amigo y hacer el tonto durante una hora después de estudiar, es mucho más probable que quieras invertir esa energía.

2. Estás privado de sueño

¿Quién en la universidad no está machacando la cafeína? Los estudiantes que se obligan a pasar semanas y semanas con noches de sueño de 4 a 6 horas, están deteriorando significativamente dos aspectos de su rendimiento mental fundamentales para estudiar para los exámenes: la motivación y la vigilancia.

 

 

Los estudios demuestran que la falta de sueño afecta negativamente a la motivación. Pero en realidad, nadie necesita que un estudio le diga que la perspectiva de la vida es mucho peor cuando se duerme poco.

 

Ponte una alarma al final del día.

estudiando para examen

Sí, estudiar de forma más consistente durante períodos más cortos te permitirá repartirlo en un período de tiempo más largo; por lo tanto, evitarás la necesidad de privarte del sueño sólo para terminar tus tareas del curso. Pero, en realidad, se trata de una cuestión psicológica.

Hay un millón de cosas que preferiríamos hacer en lugar de irnos a la cama después de un día entero de clases, sólo para tener que levantarnos y volver a hacer lo mismo. Es el problema del huevo y la gallina: si no duermo, postergo el estudio, pero si me acuesto, tendré que levantarme a estudiar. Una vez más, perder-perder. Hay que romper el ciclo.

3. Tienes una falsa sensación de seguridad

Puede que pienses que estás siendo un estudiante ejemplo, sentado en la clase, escuchando atentamente, copiando página tras página de apuntes del profesor. Incluso en la maestria de recursos humanos o maestría en desarrollo humano son excelentes ejemplos de la importancia de estudiar para poder comprender por completo las materias. Puede que incluso sigas la clase y levantes la mano aquí y allá. Pero hay una gran diferencia entre sentir que entiendes algo y ser capaz de reproducirlo en un examen.

Esto es lo que llamamos aprendizaje pasivo, y es la mejor manera de asegurarse de que vas a pasar mucho tiempo y esfuerzo tratando de aprender el nuevo material, sin ser realmente capaz de retener nada de él.

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Ponte a prueba.

No te dejes engañar por las explicaciones demasiado lógicas de tu profesor. Este tipo ya conoce el material, así que le resulta fácil explicarlo de forma que los demás lo encuentren comprensible. El verdadero reto es saber si tú puedes hacer lo mismo.

Si te preguntas si realmente entiendes algo, ponte a prueba. O, mejor aún, explícaselo a alguien (o a ti mismo, pero ten cuidado: la gente tiende a quedarse mirando).